Uno de los conceptos que más característicos del epílogo El
Maestro, del autor Alfonso Borrero (2006), es que “ser maestro” es enseñar a pensar,
no imponer el pensamiento del maestro en el estudiante, todo esto sobre la base
de una relación de igualdad. Cuando
observamos el que hacer docente de hoy en día, encontramos que entre los retos
más grandes que tiene este campo, es el lograr la participación activa del
estudiante en su proceso de aprendizaje, es decir, llegar a desarrollar el co-aprendizaje,
rompiendo el paradigma de la clase magistral donde el personaje protagónico es
el profesor que brinda todo el conocimiento, mientras el estudiante jugaba un
papel meramente receptivo de esos saberes.
Hoy en día el docente debe jugar un rol de co-protagonista,
con una metodología que brinde al estudiante los estímulos necesarios para que
participe de manera equitativa en su propio proceso de formación. El docente debe procurar que el aula de clase
sea un espacio de aprendizaje y no de rutina, reflexionando sobre sus
actividades y empleando herramientas como la investigación, para generar
procesos de innovación y aprendizaje.
La investigación le permite al docente tener los elementos
para justificar de manera razonada la labor educativa, a través de las pruebas
que ha realizado con sus logros obtenidos y reflexiones generadas, las cuales
ayudan a la argumentación sobre lo que hacemos e impartimos. Sin embargo, el rol de investigador empieza a
evidenciar una brecha que se está ampliando con respecto al rol de la docencia,
debido a dificultades como las que menciona Álvarez Gallego (1996), siendo la
más sobresaliente la falta de recursos para financiar la labor
investigativa. Otro dilema que tienen nuestras
instituciones de educación superior, es por ejemplo, el conflicto para
equilibrar adecuadamente las horas de investigación y las horas de cátedra de
los docentes, lo cual repercute en la producción efectiva de investigación. Elementos como éstos, son los que afectan la
generación de nuevo conocimiento, que es una de las demandas del mundo
contemporáneo, al igual que la capacidad para comprender, manejar y aplicar
estos conocimientos, de forma efectiva para lograr transformaciones. No es suficiente con adquirir los
conocimientos, el desafío de hoy en día consiste en saber usar esos
conocimientos.
Y es aquí donde regresamos de nuevo al rol que debe tener el
docente, el de enseñar a pensar a sus alumnos, para que ellos a futuro sean
capaces de buscar y aplicar los conocimientos adecuados para la solución de
problemas. Como lo explica Borrero
(2006), el maestro no lo enseña todo, él deja y siembra asomos de su ciencia
para incitar y propiciar en el alumno a convertirse en su propio maestro,
manteniendo abiertas las puertas del diálogo, la compresión y la amistad.
En nuestro contexto contemporáneo, se necesita contar con
docentes que estén comprometidos con los procesos de cambio y listos para
aceptar y saber manejar estas variables para responder a estas nuevas necesidades
en la educación superior.
Webgrafía:
- ALVAREZ, Alejandro. "Pensar la Universidad desde la Investigación". Seminario cultura universitaria e investigación. (1996).
- BORRERO, Alfonso. "Educacion y política. La educación en lo superior y para lo superior". Simposio permanente sobre la Universidad. (2006).
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